Actualmente se les ha dado a los factores emocionales la importancia debida en el tiempo y espacio incluyéndolos en el óptimo desempeño de las actividades profesionales, donde las personas como individuos, como gerentes y como líderes, tienen todas sus diferencias en muchos aspectos, pero que como seres humanos están dentro de los principios de la inteligencia emocional.
Se dice que la inteligencia emocional es la habilidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos, es decir, es poseer las habilidades capaces de motivarse y persistir frente a las decepciones, controlar el impulso, demostrar gratificación, regular el humor y evitar que los trastornos disminuyan la capacidad de pensar, mostrar empatía y abrigar esperanzas. Hoy en día, las empresas deben estar siempre evaluando la inteligencia emocional ya que permite controlar las actitudes del personal de la organización.
Las habilidades de inteligencia emocional ejercen efectos beneficiosos, tal como se observa en el referido artículo de estudio. Es decir, la capacidad para razonar sobre nuestras emociones, percibirlas y comprenderlas, como habilidad intrínseca del ser humano, implica, en último término, el desarrollo de procesos de regulación emocional que ayudarían a moderar y prevenir los efectos negativos del estrés, del agotamiento, el cinismo y la baja eficacia profesional a los que por ejemplo, los profesionales de tecnología de la información están expuestos diariamente motivado a que han visto incrementadas las presiones del mercado, con trabajos extensos y horarios indeterminados.
De este modo, si el recurso humano es emocionalmente más inteligentes, es decir, aquellos con una mayor capacidad para percibir, comprender y regular las emociones propias y la de los demás, tendrán los recursos necesarios para afrontar mejor los eventos estresantes de tipo laboral y manejar a su vez adecuadamente las respuestas emocionales negativas que frecuentemente surgen en las interacciones que mantienen con los compañeros de trabajo.
Significa entonces que a mayor eficacia profesional, es decir, competencias emocionales vinculadas a la sensibilidad social, las habilidades y la autorregulación emocional, menor será el cinismo, la frustración y el agotamiento profesional.
Por consiguiente, el manejo de las competencias emocionales determina el nivel de rendimiento de que es capaz el personal, en estado de equilibrio o desequilibrio emocional, así como determinan qué tipo de relación se mantiene con los subordinados (liderazgo), con los superiores (adaptabilidad) o con los compañeros (trabajo en equipo). Las emociones determinan cómo se responde, cómo se comunica, se comporta y funciona en el trabajo y/o la empresa.
Por lo tanto, la Inteligencia Emocional constituye un soporte fundamental de la eficacia en la actuación gerencial, aportando guías de mayor interés para que el ejercicio de la dirección colabore sucesivamente en la mejora progresiva de la capacidad de liderazgo.
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